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La Coctelera

Greenpeace sugiere medidas para aprovechar energías

En México, la dependencia de las fuentes primarias de energía basadas en los hidrocarburos llega a 92 por ciento, en tanto que a nivel mundial, apenas registra el 80 por ciento, y ante ese escenario, que presentó la Agencia Internacional de Energía, la organización Greenpeace presentó un documento en el que se demuestra con números que es posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorando la eficiencia energética y ampliando el aprovechamiento de las energías renovables. En el mismo se precisa que nuestro país tiene el potencial necesario para aprovechar al máximo las fuentes de energía renovables como la solar, del viento (eólica), de los océanos y del interior de la tierra (geotérmica) para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y de este modo evitar las peores consecuencias del cambio climático. El denominado informe "R-evolución Energética: Una perspectiva de energía sustentable para México" fue elaborado por el Consejo Europeo para la Energía Renovable (EREC, por sus siglas en inglés) y Greenpeace Internacional, y para el análisis del sector energético mexicano se contó con la colaboración del doctor Omar Masera, investigador del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, Campus Morelia; y del maestro Odón de Buen Rodríguez, presidente de Energía, Tecnología y Educación, y exdirector de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (CONAE). Además de ser apoyado por el Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada AC (GIRA) y por la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS). Tanto el documento global como la propuesta para México dan cuenta de cómo las emisiones de CO2, tanto del sector energético como del transporte, deben alcanzar su máximo punto para el año 2015, para después reducirse drásticamente hasta llegar al 50 por ciento para el año 2050. Sólo así sería posible evitar un aumento desmesurado de la temperatura global del planeta y preservar la vida de los ecosistemas y de quienes vivimos en él, tal y como los conocemos hoy en día. Para la presentación del escenario mexicano se contó con las intervenciones de Claudio Estrada Gasca, director del Centro de Investigación en Energía de la UNAM; Odón de Buen, Omar Masera y Patricia Arendar Lerner, directora ejecutiva de Greenpeace México. Claudio Estrada destacó que sin duda alguna, la energía es uno de los temas que definirán el destino del mundo en el siglo que comienza. Lo que hagamos o dejemos de hacer a partir de ahora determinará nuestra capacidad para satisfacer los requerimientos energéticos del país en el futuro. Las fuentes primarias de energía que dominan en el mundo son los hidrocarburos, y en la actualidad corresponden al 80 por ciento de toda la energía primaria producida y consumida. En México, la dependencia es mayor: en 2006 fue del 92 por ciento. Los hidrocarburos son una fuente finita de energía, por lo cual se agotarán en algún momento no lejano.
Greenpeace ha demostrado, con números, que es posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de México, mejorando la eficiencia energética y ampliando el aprovechamiento de las energías renovables, en contraposición con el escenario convencional de la Agencia Internacional de Energía. Por su parte, Odón de Buen destacó que el documento es un ejercicio que ha sido replicado en países como Brasil y Filipinas. Las fuentes de información del modelo para México son públicas y ésta fue revisada por un equipo de especialistas mexicanos.
El escenario mexicano de R-evolución Energética plantea -entre otras cuestiones- que para el año 2050, alrededor del 70 por ciento de la electricidad se producirá a partir de fuentes de energías renovables.  Omar Masera destacó en su oportunidad que es posible alcanzar un desarrollo sustentable sin necesidad de seguir emitiendo gases de efecto invernadero causantes del acelerado calentamiento global. "Es urgente y prioritario cambiar los patrones de consumo", enfatizó. Asimismo, respecto a las medidas para alcanzar el modelo planteado por la R-evolución Energética, expresó que "para 2050 se producirá un crecimiento de la capacidad instalada de las tecnologías de energía renovable de la cifra actual de 12 GW a 185 GW. Para lograr este incremento por un factor de 15 veces durante los próximos 41 años es necesario un decidido apoyo político que no deje a las renovables en desventaja con respecto a las fuentes de combustibles fósiles y nuclear". Por parte de Greenpeace, Patricia Arendar dijo que de llevar a cabo las soluciones que la organización promueve, basadas en el uso de las renovables y en la aplicación de medidas estrictas y obligatorias de eficiencia energética, las emisiones de CO2 podrían llegar a reducirse 60 por ciento respecto a las actuales para el año 2080. Si bien esta fecha nos remite a un horizonte lejano, adoptar ahora medidas estrictas de reducción de gases de efecto invernadero es nuestro deber moral y ético con las generaciones presentes y futuras. Respecto a la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética, y la Ley de Aprovechamiento Sustentable de la Energía, recientemente aprobadas por el Congreso de la Unión, Patricia Arendar aclaró que son un buen comienzo pero es necesario trabajar en identificar las metas y objetivos a alcanzar en el corto y mediano plazo tomando como referencia este nuevo marco jurídico, así como incorporar y tomar en cuenta garantías sociales claras que beneficien a las comunidades en todo proyecto que implique detonar renovables a gran escala en el país.



Greenpeace sugiere medidas para aprovechar energías

En México, la dependencia de las fuentes primarias de energía basadas en los hidrocarburos llega a 92 por ciento, en tanto que a nivel mundial, apenas registra el 80 por ciento, y ante ese escenario, que presentó la Agencia Internacional de Energía, la organización Greenpeace presentó un documento en el que se demuestra con números que es posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorando la eficiencia energética y ampliando el aprovechamiento de las energías renovables. En el mismo se precisa que nuestro país tiene el potencial necesario para aprovechar al máximo las fuentes de energía renovables como la solar, del viento (eólica), de los océanos y del interior de la tierra (geotérmica) para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y de este modo evitar las peores consecuencias del cambio climático. El denominado informe "R-evolución Energética: Una perspectiva de energía sustentable para México" fue elaborado por el Consejo Europeo para la Energía Renovable (EREC, por sus siglas en inglés) y Greenpeace Internacional, y para el análisis del sector energético mexicano se contó con la colaboración del doctor Omar Masera, investigador del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, Campus Morelia; y del maestro Odón de Buen Rodríguez, presidente de Energía, Tecnología y Educación, y exdirector de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (CONAE). Además de ser apoyado por el Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada AC (GIRA) y por la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS). Tanto el documento global como la propuesta para México dan cuenta de cómo las emisiones de CO2, tanto del sector energético como del transporte, deben alcanzar su máximo punto para el año 2015, para después reducirse drásticamente hasta llegar al 50 por ciento para el año 2050. Sólo así sería posible evitar un aumento desmesurado de la temperatura global del planeta y preservar la vida de los ecosistemas y de quienes vivimos en él, tal y como los conocemos hoy en día. Para la presentación del escenario mexicano se contó con las intervenciones de Claudio Estrada Gasca, director del Centro de Investigación en Energía de la UNAM; Odón de Buen, Omar Masera y Patricia Arendar Lerner, directora ejecutiva de Greenpeace México. Claudio Estrada destacó que sin duda alguna, la energía es uno de los temas que definirán el destino del mundo en el siglo que comienza. Lo que hagamos o dejemos de hacer a partir de ahora determinará nuestra capacidad para satisfacer los requerimientos energéticos del país en el futuro. Las fuentes primarias de energía que dominan en el mundo son los hidrocarburos, y en la actualidad corresponden al 80 por ciento de toda la energía primaria producida y consumida. En México, la dependencia es mayor: en 2006 fue del 92 por ciento. Los hidrocarburos son una fuente finita de energía, por lo cual se agotarán en algún momento no lejano.
Greenpeace ha demostrado, con números, que es posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de México, mejorando la eficiencia energética y ampliando el aprovechamiento de las energías renovables, en contraposición con el escenario convencional de la Agencia Internacional de Energía. Por su parte, Odón de Buen destacó que el documento es un ejercicio que ha sido replicado en países como Brasil y Filipinas. Las fuentes de información del modelo para México son públicas y ésta fue revisada por un equipo de especialistas mexicanos.
El escenario mexicano de R-evolución Energética plantea -entre otras cuestiones- que para el año 2050, alrededor del 70 por ciento de la electricidad se producirá a partir de fuentes de energías renovables.  Omar Masera destacó en su oportunidad que es posible alcanzar un desarrollo sustentable sin necesidad de seguir emitiendo gases de efecto invernadero causantes del acelerado calentamiento global. "Es urgente y prioritario cambiar los patrones de consumo", enfatizó. Asimismo, respecto a las medidas para alcanzar el modelo planteado por la R-evolución Energética, expresó que "para 2050 se producirá un crecimiento de la capacidad instalada de las tecnologías de energía renovable de la cifra actual de 12 GW a 185 GW. Para lograr este incremento por un factor de 15 veces durante los próximos 41 años es necesario un decidido apoyo político que no deje a las renovables en desventaja con respecto a las fuentes de combustibles fósiles y nuclear". Por parte de Greenpeace, Patricia Arendar dijo que de llevar a cabo las soluciones que la organización promueve, basadas en el uso de las renovables y en la aplicación de medidas estrictas y obligatorias de eficiencia energética, las emisiones de CO2 podrían llegar a reducirse 60 por ciento respecto a las actuales para el año 2080. Si bien esta fecha nos remite a un horizonte lejano, adoptar ahora medidas estrictas de reducción de gases de efecto invernadero es nuestro deber moral y ético con las generaciones presentes y futuras. Respecto a la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética, y la Ley de Aprovechamiento Sustentable de la Energía, recientemente aprobadas por el Congreso de la Unión, Patricia Arendar aclaró que son un buen comienzo pero es necesario trabajar en identificar las metas y objetivos a alcanzar en el corto y mediano plazo tomando como referencia este nuevo marco jurídico, así como incorporar y tomar en cuenta garantías sociales claras que beneficien a las comunidades en todo proyecto que implique detonar renovables a gran escala en el país.



LOS GLACIARES LATINOAMERICANOS, EN PROCESO DE DESAPARICIÓN

Los glaciares de montaña en México y en países latinoamericanos están desapareciendo, pues en las últimas tres décadas se ha presentado un derretimiento de los hielos; incluso, algunos han dejado de existir a causa del calentamiento global, explicó Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
En el VII Encuentro de Investigadores del Grupo de Trabajo de Hielos y Nieves para América Latina y el Caribe, del Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO, celebrado en Colombia, especialistas de diversos países como Alemania, Brasil, Colombia, Argentina, Chile, Francia, Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador y México, se dieron cita para presentar evidencias de esta situación. Así, Delgado Granados destacó que la situación es preocupante, pues tan sólo en Perú se han perdido 145 glaciares en las últimas décadas; es el país latinoamericano con mayor cantidad de cuerpos de nieve. El problema es que al derretirse los hielos, escurren hacia los lagos, o forman lagunas contenidas por morrenas, presas naturales hechas con rocas erosionadas y acumuladas por los glaciares. Sin embargo, esos depósitos de roca con hielo en sus intersticios sufren también fusión por el calentamiiento del clima y, como resultado, se debilitan las presas naturales, lo que representa un peligro, pues si se desbordan o colapsan podría ocurrir un desastre. Aunque la solución sería drenarlas, a largo plazo –con la desaparición de los glaciares–, no se contaría con agua para alimentar sistemas hidroeléctricos, ni para consumo humano, alertó. En la misma situación está Bolivia, que registró la extinción del cuerpo de hielo en la montaña Chacaltaya, y dejó sin el líquido a la La Paz. El retroceso en los glaciares en Venezuela, Colombia, Ecuador, Chile, Bolivia, y en la región de la Patagonia, encendió un foco rojo en Latinoamérica, señaló el investigador quien fue partícipe del encuentro con países andinos. Desaparecerán los hielos del Iztaccíhuatl y del Pico de Orizaba .En el caso de México, se calcula que los glaciares del Iztaccíhuatl y del Pico de Orizaba desaparecerán en los próximos 10 y 35 años, respectivamente; el Popocatépetl, por su parte, sólo tiene hielos disociados por las erupciones que se registraron desde 1994, que aceleraron el derretimiento hasta extinguirlos por completo. El problema del Iztaccíhuatl es la altitud –cinco mil 200 metros–, pues a esa elevación los cuerpos de nieve son vulnerables. La temperatura de los hielos es cercana a cero grados centígrados, y la del ambiente no es lo suficientemente fría para preservarlos; por tanto, son hielos que en cualquier momento se pueden fundir, enfatizó el universitario. El panorama para el Pico de Orizaba es un poco más alentador, pues aunque no se tiene una estimación precisa, se calcula que sus glaciares pueden vivir hasta alrededor del 2040; su altitud es de cinco mil 700 metros, lo que le permite mayor acumulación de hielo. No obstante, el espesor de las capas gélidas es, aproximadamente, de 10 metros con un máximo de 40 y una temperatura cercana a los cero grados, lo que las hace vulnerables, mencionó. Esos cuerpos han disminuido desde hace tiempo, pero en el siglo XX se intensificó la pérdida, principalmente desde 1950; y aunque a finales de los 70 se registró un aumento de tamaño, en la siguiente década, se incrementó el derretimiento. Así, el ritmo con el que retroceden y desaparecen los glaciares es mayor que si ocurriera por causas naturales y, por ello, se considera que existen factores adicionales, dijo el académico. A lo largo de la historia geológica del planeta, se han presentado Etapas Glaciales, que han cubierto la superficie de hielo, particularmente en los polos. Los cambios climáticos derivan en procesos de deshielo, pues el clima, en forma natural, es cada vez más caliente; no obstante, cuando esa transición ambiental se da por cuestiones antropogénicas, como la presencia de gases invernadero –que en el siglo XX y el presente se ha incrementado por acciones humanas–, se acelera. La situación ha generado diversas opiniones, pues algunos especialistas piensan que el retroceso glacial es normal, y otros aseguran que el retroceso acelerado se debe a la influencia del hombre. Sin importar la causa, puntualizó Delgado Granados, esas masas de hielo desaparecen; por ello, es importante llamar la atención de los gobiernos, para tomar las medidas pertinentes. Así, en el VII Encuentro se concluyó que es necesario incrementar y difundir conciencia, así como desarrollar una cultura de la prevención, mitigación, preservación y adaptación para enfrentar el problema. “Además, resulta fundamental impulsar los estudios en la materia a nivel regional y nacional, pues los glaciares latinoamericanos son una fuente esencial de recursos hídricos”, concluyó. El evento se realizó con apoyo de PHI-UNESCO, INGEOMINAS, IDEAM, CORPOCALDAS, Aguas de Manizales, Alcaldía de Manizales, Gobernación de Caldas, Oficina de Parques Nacionales de Colombia, la Universidad de Caldas, la Unidad GreatIce del Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia, el IHH de la Universidad Mayor de San Andrés, y el Ministerio de Asuntos Extranjeros y Europeos de Francia.


LOS GLACIARES LATINOAMERICANOS, EN PROCESO DE DESAPARICIÓN

Los glaciares de montaña en México y en países latinoamericanos están desapareciendo, pues en las últimas tres décadas se ha presentado un derretimiento de los hielos; incluso, algunos han dejado de existir a causa del calentamiento global, explicó Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
En el VII Encuentro de Investigadores del Grupo de Trabajo de Hielos y Nieves para América Latina y el Caribe, del Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO, celebrado en Colombia, especialistas de diversos países como Alemania, Brasil, Colombia, Argentina, Chile, Francia, Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador y México, se dieron cita para presentar evidencias de esta situación. Así, Delgado Granados destacó que la situación es preocupante, pues tan sólo en Perú se han perdido 145 glaciares en las últimas décadas; es el país latinoamericano con mayor cantidad de cuerpos de nieve. El problema es que al derretirse los hielos, escurren hacia los lagos, o forman lagunas contenidas por morrenas, presas naturales hechas con rocas erosionadas y acumuladas por los glaciares. Sin embargo, esos depósitos de roca con hielo en sus intersticios sufren también fusión por el calentamiiento del clima y, como resultado, se debilitan las presas naturales, lo que representa un peligro, pues si se desbordan o colapsan podría ocurrir un desastre. Aunque la solución sería drenarlas, a largo plazo –con la desaparición de los glaciares–, no se contaría con agua para alimentar sistemas hidroeléctricos, ni para consumo humano, alertó. En la misma situación está Bolivia, que registró la extinción del cuerpo de hielo en la montaña Chacaltaya, y dejó sin el líquido a la La Paz. El retroceso en los glaciares en Venezuela, Colombia, Ecuador, Chile, Bolivia, y en la región de la Patagonia, encendió un foco rojo en Latinoamérica, señaló el investigador quien fue partícipe del encuentro con países andinos. Desaparecerán los hielos del Iztaccíhuatl y del Pico de Orizaba .En el caso de México, se calcula que los glaciares del Iztaccíhuatl y del Pico de Orizaba desaparecerán en los próximos 10 y 35 años, respectivamente; el Popocatépetl, por su parte, sólo tiene hielos disociados por las erupciones que se registraron desde 1994, que aceleraron el derretimiento hasta extinguirlos por completo. El problema del Iztaccíhuatl es la altitud –cinco mil 200 metros–, pues a esa elevación los cuerpos de nieve son vulnerables. La temperatura de los hielos es cercana a cero grados centígrados, y la del ambiente no es lo suficientemente fría para preservarlos; por tanto, son hielos que en cualquier momento se pueden fundir, enfatizó el universitario. El panorama para el Pico de Orizaba es un poco más alentador, pues aunque no se tiene una estimación precisa, se calcula que sus glaciares pueden vivir hasta alrededor del 2040; su altitud es de cinco mil 700 metros, lo que le permite mayor acumulación de hielo. No obstante, el espesor de las capas gélidas es, aproximadamente, de 10 metros con un máximo de 40 y una temperatura cercana a los cero grados, lo que las hace vulnerables, mencionó. Esos cuerpos han disminuido desde hace tiempo, pero en el siglo XX se intensificó la pérdida, principalmente desde 1950; y aunque a finales de los 70 se registró un aumento de tamaño, en la siguiente década, se incrementó el derretimiento. Así, el ritmo con el que retroceden y desaparecen los glaciares es mayor que si ocurriera por causas naturales y, por ello, se considera que existen factores adicionales, dijo el académico. A lo largo de la historia geológica del planeta, se han presentado Etapas Glaciales, que han cubierto la superficie de hielo, particularmente en los polos. Los cambios climáticos derivan en procesos de deshielo, pues el clima, en forma natural, es cada vez más caliente; no obstante, cuando esa transición ambiental se da por cuestiones antropogénicas, como la presencia de gases invernadero –que en el siglo XX y el presente se ha incrementado por acciones humanas–, se acelera. La situación ha generado diversas opiniones, pues algunos especialistas piensan que el retroceso glacial es normal, y otros aseguran que el retroceso acelerado se debe a la influencia del hombre. Sin importar la causa, puntualizó Delgado Granados, esas masas de hielo desaparecen; por ello, es importante llamar la atención de los gobiernos, para tomar las medidas pertinentes. Así, en el VII Encuentro se concluyó que es necesario incrementar y difundir conciencia, así como desarrollar una cultura de la prevención, mitigación, preservación y adaptación para enfrentar el problema. “Además, resulta fundamental impulsar los estudios en la materia a nivel regional y nacional, pues los glaciares latinoamericanos son una fuente esencial de recursos hídricos”, concluyó. El evento se realizó con apoyo de PHI-UNESCO, INGEOMINAS, IDEAM, CORPOCALDAS, Aguas de Manizales, Alcaldía de Manizales, Gobernación de Caldas, Oficina de Parques Nacionales de Colombia, la Universidad de Caldas, la Unidad GreatIce del Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia, el IHH de la Universidad Mayor de San Andrés, y el Ministerio de Asuntos Extranjeros y Europeos de Francia.


SOS: la Tierra

Más temprano que tarde, ya nadie hablará de los hielos eternos, ni tendremos que identificar los extremos del planeta con el sempiterno paisaje blanco y las gélidas ventiscas. Hoy, el acelerado calentamiento global es una realidad, y la preocupación por sus nefastas consecuencias dejó de ser "la manía de hurgar" de muchos, para convertirse en tema puntual, en las discusiones de avezados en el asunto. Aunque en diciembre de 1997, el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional de protección al medio ambiente ganó adeptos y fue firmado por 36 países, de forma contraria a lo que esperaban sus precursores y partidarios, algún escéptico o mal intencionado, decidió años más tarde no ratificarlo. Ese es el caso del gobierno de los Estados Unidos -para no variar, puso la nota discordante- quien en 2001 con George W. Bush en la silla presidencial, rechazó ratificarlo y anunció su retirada del pacto.  Las razones que blandió estaban ligadas al necesario esclarecimiento de las relaciones entre las emisiones de dióxido de carbono y el calentamiento global del planeta, pues no estaban claras, y que el Protocolo no comprometía a ciertos países en desarrollo, especialmente a los grandes como China y la India.  "El Protocolo de Kyoto es un acuerdo que tiene como objetivo reducir las emisiones de seis gases provocadores del calentamiento global: dióxido de carbono, gas metano y óxido nitroso; además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos y Hexafluoruro de azufre, en un porcentaje aproximado de un cinco por ciento, dentro del período que va desde el año 2008 al 2012" (1). A parte del compromiso que los países firmantes hicieron inicialmente, en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, se promovió también la generación de un desarrollo sostenible, de tal forma que se utilicen también energías no convencionales y así disminuya el calentamiento global. A pesar de la creencia general formada, calentamiento global y efecto invernadero no son sinónimos. El efecto invernadero acrecentado por la contaminación puede ser, según algunas teorías, la causa del calentamiento global observado. Actuales vistas de las derivaciones de este fenómeno, apuntan hacia graves desenlaces.  Datos actuales informan sobre las enormes masas heladas que se licuan, elevando por consiguiente el nivel de los mares, a tal escala, que pequeños estados intensas en algunas áreas. Las ondas de calor serán más frecuentes y más intensas. Las sequías y los incendios forestales ocurrirán más a menudo y los mosquitos portadores de enfermedades expandirán su zona de distribución. Quienes recargan la atmósfera con gases de efecto invernadero y se niegan a frenar tal dislate son los asesinos del medio ambiente natural. Hasta ahora, avizora un destino inevitable. Toda vez que no se perciban políticas ni acciones importantes destinadas a frenar las emanaciones de gases de efecto invernadero, esencialmente entre los grandes contaminadores, como Estados Unidos, se tornará cierta la profecía: nuestros nietos respirarán un aire envenenado.

En definitiva: muere el planeta y con él la raza humana.

insulares y peninsulares podrían sucumbir ante el efecto. Si para visitantes inexpertos a los polos de la Tierra, salta la sorpresa y hasta la ingenua admiración, para los científicos el asunto es grave, casi catastrófico: los polos se derriten.  Cada día las temperaturas son más cálidas, asimismo, aumenta el calor del mar y la energía del sistema climático, lo cual propicia lluvias más

SOS: la Tierra

Más temprano que tarde, ya nadie hablará de los hielos eternos, ni tendremos que identificar los extremos del planeta con el sempiterno paisaje blanco y las gélidas ventiscas. Hoy, el acelerado calentamiento global es una realidad, y la preocupación por sus nefastas consecuencias dejó de ser "la manía de hurgar" de muchos, para convertirse en tema puntual, en las discusiones de avezados en el asunto. Aunque en diciembre de 1997, el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional de protección al medio ambiente ganó adeptos y fue firmado por 36 países, de forma contraria a lo que esperaban sus precursores y partidarios, algún escéptico o mal intencionado, decidió años más tarde no ratificarlo. Ese es el caso del gobierno de los Estados Unidos -para no variar, puso la nota discordante- quien en 2001 con George W. Bush en la silla presidencial, rechazó ratificarlo y anunció su retirada del pacto.  Las razones que blandió estaban ligadas al necesario esclarecimiento de las relaciones entre las emisiones de dióxido de carbono y el calentamiento global del planeta, pues no estaban claras, y que el Protocolo no comprometía a ciertos países en desarrollo, especialmente a los grandes como China y la India.  "El Protocolo de Kyoto es un acuerdo que tiene como objetivo reducir las emisiones de seis gases provocadores del calentamiento global: dióxido de carbono, gas metano y óxido nitroso; además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos y Hexafluoruro de azufre, en un porcentaje aproximado de un cinco por ciento, dentro del período que va desde el año 2008 al 2012" (1). A parte del compromiso que los países firmantes hicieron inicialmente, en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, se promovió también la generación de un desarrollo sostenible, de tal forma que se utilicen también energías no convencionales y así disminuya el calentamiento global. A pesar de la creencia general formada, calentamiento global y efecto invernadero no son sinónimos. El efecto invernadero acrecentado por la contaminación puede ser, según algunas teorías, la causa del calentamiento global observado. Actuales vistas de las derivaciones de este fenómeno, apuntan hacia graves desenlaces.  Datos actuales informan sobre las enormes masas heladas que se licuan, elevando por consiguiente el nivel de los mares, a tal escala, que pequeños estados intensas en algunas áreas. Las ondas de calor serán más frecuentes y más intensas. Las sequías y los incendios forestales ocurrirán más a menudo y los mosquitos portadores de enfermedades expandirán su zona de distribución. Quienes recargan la atmósfera con gases de efecto invernadero y se niegan a frenar tal dislate son los asesinos del medio ambiente natural. Hasta ahora, avizora un destino inevitable. Toda vez que no se perciban políticas ni acciones importantes destinadas a frenar las emanaciones de gases de efecto invernadero, esencialmente entre los grandes contaminadores, como Estados Unidos, se tornará cierta la profecía: nuestros nietos respirarán un aire envenenado.

En definitiva: muere el planeta y con él la raza humana.

insulares y peninsulares podrían sucumbir ante el efecto. Si para visitantes inexpertos a los polos de la Tierra, salta la sorpresa y hasta la ingenua admiración, para los científicos el asunto es grave, casi catastrófico: los polos se derriten.  Cada día las temperaturas son más cálidas, asimismo, aumenta el calor del mar y la energía del sistema climático, lo cual propicia lluvias más

+ Cambio climático

A día de hoy podemos decir que el cambio climático es un hecho científico indiscutible, aunque un cierto sector de la población se lo cuestione. La Tierra sufre un proceso acelerado de calentamiento global debido al aumento de la temperatura media de la atmósfera y de los océanos. La causa principal es un incremento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), que se produce artificialmente en la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural, etcétera) por parte de los países industrializados durante los últimos 200 años. Este fenómeno ha acentuado el efecto invernadero y las consecuencias desde hace algún tiempo empiezan a notarse. Existe un amplio consenso científico sobre la estrecha relación entre las concentraciones atmosféricas de los gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana y los cambios observados recientemente en el clima terrestre. El efecto invernadero es un fenómeno natural que se ha desarrollado en nuestro planeta y evita que una parte del calor del Sol recibido por la Tierra deje la atmósfera y vuelva al espacio, produciendo un efecto similar al observado en un invernadero. Alrededor de las tres cuartas partes de las emisiones del dióxido de carbono (CO2) generadas por el ser humano (antropogénicas) que se han producido en los últimos 20 años en el mundo se deben a la quema de combustibles fósiles. El resto se debe fundamentalmente a los cambios en el uso del suelo y, especialmente, a la deforestación. España es el país más afectado por el cambio climático de toda Europa y, no obstante, es el más alejado del mundo de sus objetivos de Kioto, con un aumento del 48% de las emisiones de CO2 con respecto a los niveles de 1990, triplicando las emisiones permitidas por el Protocolo de Kioto para 2008-2012.  La principal causa del cambio climático, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, es la quema de combustibles fósiles cuyo mayor contribuyente, en España, es el sector energético. El 80% de nuestra energía depende todavía de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural). La demanda de energía en España actualmente muestra un aumento medio anual de un 3 a un 4%. Se trata de un aumento injustificado, ya que en nuestro país se consume un 50% de energía más que en el resto de Europa para producir un mismo producto. El uso de combustibles fósiles incrementa la dependencia de las importaciones de petróleo y destruye el clima. La única manera de evitarlo es gestionar la demanda de energía, aumentar la eficiencia energética y el uso de energías renovables. Por otro lado, la deforestación y la degradación de los bosques son causa y resultado del cambio climático. Los bosques absorben CO2, actuando como un «sumidero», pero, cuando se deterioran o destruyen (por ejemplo, en incendios y deforestación), se convierten en una «fuente» liberando CO2 a la atmósfera. Debido al cambio climático se espera un aumento en las sequías y en los incendios. En muchos casos los incendios están asociados a la deforestación, cuyo efecto acelerador sobre la desertificación es conocido. A menudo, la tala es debida a la búsqueda de suelos para implementar monocultivos intensivos altamente demandantes en energía, agua, abonos derivados del petróleo y tóxicos que contaminan las aguas subterráneas y superficiales. La pérdida de los bosques y de las especies afectará a la vida de todos con costes económicos desproporcionados en los países pobres y en vías de desarrollo. Hasta una quinta parte de las emisiones de CO2 mundiales se debe a la tala indiscriminada de árboles. Ésta, a la vez que empobrece el suelo y lo deja desprotegido ante la erosión y la evaporación del agua, contribuye aún más al cambio climático. El aumento de las sequías y la presión humana sobre el manto forestal, éste se pone en alto riesgo. Si tenemos en cuenta todos estos cambios, el futuro de nuestro planeta se plantea un tanto oscuro, de alguna manera se verá afectado por un aumento de las temperaturas entre 2 y 6,1 grados a finales de siglo; el nivel del mar puede subir entre 0,4 metros y 3,7, sin contar el aumento debido al derretimiento de los polos, también tendremos una reducción de la extensión del hielo marino y de las áreas de tierras cubiertas de nieve, acelerándose, por tanto, el derretimiento en la mayoría de las regiones con hielos permanentes congelados (permafrost); al mismo tiempo que se incrementará la frecuencia de olas de calor y precipitaciones fuertes, acompañado por un probable aumento en la intensidad de los ciclones tropicales. Para concluir diremos que existen diferentes estudios que dividen a la opinión pública en cinco grupos en función a la postura que adoptan frente al calentamiento global: los alarmistas, que son los extremadamente preocupados, culpan a la industria y al Gobierno del calentamiento global, creen que tendrá un impacto sobre su salud. Los optimistas, donde el asunto los inquieta, pero confían en que las grandes industrias, el Gobierno y las personas están buscando salidas para paliar el cambio climático. Los medio atemorizados, éstos temen que los intereses económicos estén frenando la búsqueda de soluciones. Los confusos, que no tienen una opinión formada, aunque están moderadamente preocupados, consideran importante que la industria y los gobiernos planten cara al fenómeno. Y, por último, los escépticos, los no creyentes, que no piensan que exista el cambio climático y, por tanto, consideran que no hay que tomar ninguna medida. Ustedes piensen lo que quieran, pero al menos seamos todos consecuentes...

+ Cambio climático

A día de hoy podemos decir que el cambio climático es un hecho científico indiscutible, aunque un cierto sector de la población se lo cuestione. La Tierra sufre un proceso acelerado de calentamiento global debido al aumento de la temperatura media de la atmósfera y de los océanos. La causa principal es un incremento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), que se produce artificialmente en la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural, etcétera) por parte de los países industrializados durante los últimos 200 años. Este fenómeno ha acentuado el efecto invernadero y las consecuencias desde hace algún tiempo empiezan a notarse. Existe un amplio consenso científico sobre la estrecha relación entre las concentraciones atmosféricas de los gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana y los cambios observados recientemente en el clima terrestre. El efecto invernadero es un fenómeno natural que se ha desarrollado en nuestro planeta y evita que una parte del calor del Sol recibido por la Tierra deje la atmósfera y vuelva al espacio, produciendo un efecto similar al observado en un invernadero. Alrededor de las tres cuartas partes de las emisiones del dióxido de carbono (CO2) generadas por el ser humano (antropogénicas) que se han producido en los últimos 20 años en el mundo se deben a la quema de combustibles fósiles. El resto se debe fundamentalmente a los cambios en el uso del suelo y, especialmente, a la deforestación. España es el país más afectado por el cambio climático de toda Europa y, no obstante, es el más alejado del mundo de sus objetivos de Kioto, con un aumento del 48% de las emisiones de CO2 con respecto a los niveles de 1990, triplicando las emisiones permitidas por el Protocolo de Kioto para 2008-2012.  La principal causa del cambio climático, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, es la quema de combustibles fósiles cuyo mayor contribuyente, en España, es el sector energético. El 80% de nuestra energía depende todavía de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural). La demanda de energía en España actualmente muestra un aumento medio anual de un 3 a un 4%. Se trata de un aumento injustificado, ya que en nuestro país se consume un 50% de energía más que en el resto de Europa para producir un mismo producto. El uso de combustibles fósiles incrementa la dependencia de las importaciones de petróleo y destruye el clima. La única manera de evitarlo es gestionar la demanda de energía, aumentar la eficiencia energética y el uso de energías renovables. Por otro lado, la deforestación y la degradación de los bosques son causa y resultado del cambio climático. Los bosques absorben CO2, actuando como un «sumidero», pero, cuando se deterioran o destruyen (por ejemplo, en incendios y deforestación), se convierten en una «fuente» liberando CO2 a la atmósfera. Debido al cambio climático se espera un aumento en las sequías y en los incendios. En muchos casos los incendios están asociados a la deforestación, cuyo efecto acelerador sobre la desertificación es conocido. A menudo, la tala es debida a la búsqueda de suelos para implementar monocultivos intensivos altamente demandantes en energía, agua, abonos derivados del petróleo y tóxicos que contaminan las aguas subterráneas y superficiales. La pérdida de los bosques y de las especies afectará a la vida de todos con costes económicos desproporcionados en los países pobres y en vías de desarrollo. Hasta una quinta parte de las emisiones de CO2 mundiales se debe a la tala indiscriminada de árboles. Ésta, a la vez que empobrece el suelo y lo deja desprotegido ante la erosión y la evaporación del agua, contribuye aún más al cambio climático. El aumento de las sequías y la presión humana sobre el manto forestal, éste se pone en alto riesgo. Si tenemos en cuenta todos estos cambios, el futuro de nuestro planeta se plantea un tanto oscuro, de alguna manera se verá afectado por un aumento de las temperaturas entre 2 y 6,1 grados a finales de siglo; el nivel del mar puede subir entre 0,4 metros y 3,7, sin contar el aumento debido al derretimiento de los polos, también tendremos una reducción de la extensión del hielo marino y de las áreas de tierras cubiertas de nieve, acelerándose, por tanto, el derretimiento en la mayoría de las regiones con hielos permanentes congelados (permafrost); al mismo tiempo que se incrementará la frecuencia de olas de calor y precipitaciones fuertes, acompañado por un probable aumento en la intensidad de los ciclones tropicales. Para concluir diremos que existen diferentes estudios que dividen a la opinión pública en cinco grupos en función a la postura que adoptan frente al calentamiento global: los alarmistas, que son los extremadamente preocupados, culpan a la industria y al Gobierno del calentamiento global, creen que tendrá un impacto sobre su salud. Los optimistas, donde el asunto los inquieta, pero confían en que las grandes industrias, el Gobierno y las personas están buscando salidas para paliar el cambio climático. Los medio atemorizados, éstos temen que los intereses económicos estén frenando la búsqueda de soluciones. Los confusos, que no tienen una opinión formada, aunque están moderadamente preocupados, consideran importante que la industria y los gobiernos planten cara al fenómeno. Y, por último, los escépticos, los no creyentes, que no piensan que exista el cambio climático y, por tanto, consideran que no hay que tomar ninguna medida. Ustedes piensen lo que quieran, pero al menos seamos todos consecuentes...